De una forma indefectiblemente pícara, Sarah Maple emplea imágenes narrativas para enfrentarse a las ideas tradicionales acerca de la religión, la identidad y el rol social de la mujer. Sus imágenes nunca dejan de sorprender; su última obra, Menstruate With Pride (Menstrúa con orgullo), no es la excepción. Rodeada por una multitud horrorizada e indignada, Maple se sitúa en el centro de la escena como una mujer orgullosa menstruando en público. Es una manifestación interesante y audaz; está claro que Maple es una feminista apasionada. Pero este cuadro también ventila un profundo secreto de la sociedad: que la menstruación es y debe seguir siendo un tabú.

¿Qué mejor forma de entender el sentido de las imágenes de Maple sino preguntándoselo a la propia artista? “En un principio, no quería hacer una obra sobre la menstruación porque pensé que era un poco tópico. Pero cuanto más pensaba en la idea de la mujer y de la vergüenza, empecé a sentir que no podía evitarlo”, se ríe Maple. “Pienso que, desde el primer momento, sobre los hombros de la mujer recae una enorme carga de vergüenza. Cuando empecé a menstruar estaba completamente horrorizada; me parecía humillante. Se lo oculté a mi madre durante tres años; me sentí como si le fuera a decepcionar. Puede que esto haya sido algo cultural”, dice.
Es interesante recalcar que Maple considera que su cultura es en parte responsable de sus sentimientos de vergüenza: su madre es iraní y su padre de Kent. Algunas culturas y religiones, incluido el judaísmo ortodoxo, el cristianismo y el islam, aíslan a la mujer menstruante, excluyéndolas de la oración, de la intimidad física e incluso de las tareas domésticas. El trabajo artístico de Maple transgrede estos tabúes al exponerlos y burlarse de ellos casi de manera satírica. “Me gusta reírme de los tabúes; eso es lo que quise hacer en el cuadro. Quería crear una escena sobre eso, como en las clásicas pinturas religiosas, de ahí el formato en tríptico de un altar religioso. Todos están mirando tan indignados y escandalizados que terminas riéndote de ellos, riéndote de su indignación”, dice Maple.
Según Simone de Beauvoir, feminista y autora de
El segundo sexo, las mujeres menstruantes están sujetas a normas porque son consideradas impuras, repulsivas y peligrosas, sobre todo para los hombres. Ella explica que los hombres reprimen la sexualidad de las mujeres debido a que ellos temen y se sienten intimidados por la hemorragia mensual femenina, un poder biológico que le fue concedido sólo a las mujeres para que puedan producir la próxima generación.
Sin embargo, mientras algunos tabúes los establecen e imponen los hombres, Maple cree que otros los imponen las mujeres. Según ella, “algunas de las críticas más duras proceden de mujeres, de ahí que el cuadro retrate a hombres y mujeres por igual. Las mujeres parecen haber aceptado una imagen de sí mismas como seres que se pudren una vez al mes. A veces la gente no puede ver lo que está justo delante de ellos. Lo difícil de ser feminista y directa es el odio absoluto que recibes de la gente, como si fuera lo peor del mundo. Una joven me dijo que qué egoísta era de mi parte insistir con el feminismo, cuando había muchos otros problemas en el mundo como la violación. ¡Como si la violación no fuera una cuestión feminista!".
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Sarah Maple, Fighting Fire With Fire Nr. 2 (Combatir el fuego con fuego n.º 2)
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Muchas veces las sociedades occidentales afirman que no tienen ideas arcaicas sobre los tabúes menstruales. No obstante, cada cultura trata y representa los líquidos vitales de algún modo. Existen tabúes implícitos en las sociedades occidentales, puesto que las mujeres hacen todo lo posible por esconder su ciclo menstrual. Las mujeres tienden a evitar las relaciones sexuales, la natación, las vacaciones o cualquier otra actividad por miedo a revelar su “secreto”. Las mujeres, los medios de comunicación y la industria publicitaria repiten estos tabúes al promocionar la imagen de que las mujeres necesitan productos de higiene femenina para purificar sus cuerpos sucios.
A pesar de los tabúes acerca de la menstruación, se espera que las niñas premenárquicas y postmenárquicas no padezcan los mismos sentimientos negativos hacia la inevitabilidad biológica de la menstruación que Maple experimentó de adolescente. Sin embargo, una antología de historias sobre el primer período de mujeres recopilada por Rachel Kauder Nalebuff para su libro
My Little Red Book (
Mi librito rojo) demuestra que muchas niñas no saben nada sobre el período hasta que les viene por primera vez, y entonces piensan que se están muriendo. Precisamente por eso, Maple ha incluido niñas en su cuadro. De hecho, las reacciones de las niñas hacia él fueron interesantes: "Algunas jovencitas dijeron “uh, qué asco”. ¡Son muy graciosas!".
El trabajo creativo de Maple se propone transgredir los tabúes de género al retratarlos de manera potestativa. En vez de sentir vergüenza ante su primera gota de sangre, las mujeres deberían estar orgullosas de entrar en un nuevo estado de feminidad. "La verdad es que me sentí muy femenina cuando me dejé crecer el vello de las axilas para la obra
Lollypop (
Piruleta)", comenta orgullosa Maple.
Algunas mujeres han utilizado el poder de menstruar como un medio de activismo e incluso de anarquía menstrual. Por ejemplo, 30 reclusas de la
prisión femenina de Armagh, en Irlanda del Norte, realizaron durante 1980-1981 una “Protesta Sucia” para reivindicar su derecho a un trato justo. Protestaron no lavándose durante más de un año y embadurnando de sangre menstrual las paredes de la prisión. Su sufrimiento se personificó en la sangre menstrual. Durante mucho tiempo, la Iglesia Católica de Irlanda del Norte ignoró la protesta por considerarla muy sucia. Sin embargo, logró mejorar la vida carcelaria de las mujeres y tuvo una amplia repercusión al sacar a la luz las desigualdades de género en la Iglesia Católica y en Irlanda.
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Sarah Maple, You (Tú)
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Menstrúa con orgullo no sólo recurre a los tabúes menstruales, sino que transmite un mensaje más profundo: que nuestra sociedad está repleta de tabúes de género que impiden que las mujeres rompan las barreras que imposibilitan su avance. Maple explica que “la sangre del cuadro no sólo tiene un sentido literal, sino que representa todo aquello que debería avergonzarnos como mujeres: el cabello, la estatura, los rostros sin maquillaje, incluso el atrevimiento de reclamar un lugar en el mundo, el atrevimiento de ser iguales. Todo este negocio de embellecernos es una manera de quedarnos en nuestro sitio, como si tuviéramos que seguir siendo infantiles, sin crecer nunca, sin enfrentarse jamás al mundo. Vivimos con miedo de que si no nos gastamos el dinero en estar guapas, no seremos ni siquiera humanas”.
La próxima exposición de Sarah Maple se llevará a cabo en mayo junto a Gavin Turk y Marc Quinn en Hong Kong.