En el referéndum celebrado este pasado sábado en Letonia, el 74,8% (821.722 personas) se mostró contrario a otorgar al idioma ruso el estatus de segunda lengua oficial. A favor se pronunció el 24,88% (273.347 personas). Por consiguiente, la población rusoparlante de Letonia seguirá estando discriminada.

No hay nada desorprendente en este resultado final: para que el ruso fuese reconocida como segunda lengua oficial, era necesario recibir 780 mil votos. Si toda la población rusa y rusoparlante tuviese derecho al voto, eso sería posible. Pero más de 300 mil habitantes del país, continúan siendo considerados como “no ciudadanos”, por lo que no pueden tomar parte en consultas electorales ni en referéndum alguno.
Sin embargo, el impulsor de la consulta, Vladimir Linderman (Ábel), quien fuera uno de los líderes del Partido Nacional Bolchevique antes de su prohibición, explicó la necesidad del referéndum con estas palabras: “Lo importante es demostrar que los rusos en Letonia, no son intrusos”. En tiempo record se recogieron más de 180 mil firmas, cuando para que se convoque una consulta popular basta con 150 mil (10% de los ciudadanos con derecho al voto).
No había ningún fundamento jurídico para negar el derecho a convocar el plebiscito. Y se convocó. Claro que los escándalos no se hicieron esperar. Tanto los nacionalistas más extremistas, con representación en el “Seim” y en el gobierno, como los considerados centristas, calificaron la consulta de golpe a los intereses nacionales y a la independencia de Letonia. Por si fuera poco, algunos de los activistas sociales, que pusieron su firma en respaldo de la iniciativa popular, comenzaron a recibir amenazas.
El primer ministro, Valdis Dombrovskis, llamó a “votar contra esta ocurrencia”. Mientras que la anterior Jefe del Estado, Vaira Vike-Freiberga, se mostró de la opinión, que si el ruso se convierte en segunda lengua oficial, “el letón perderá sus últimas posiciones en el espacio público”. A “Ábel” lo tildó de “elemento extremista, peligroso para la sociedad”. El 2 de febrero, el Seim de Letonia aprobó una declaración, en la que se dice que “el letón, como única lengua oficial, está indisolublemente ligado a la identidad de Letonia”.
Por su parte, algunos de aquellos, a quienes se considera parte de los intelectuales creativos, no escatimaron en calificativos. “Si pensamos en el referéndum como en una especie de “Stress Testing” para el estado letón, entonces podemos afirmar que se trata de un regalo divino. Por un par de millones de lat, que costará a las arcas públicas la consulta popular, obtenemos un listado de todos los ciudadanos que no son fieles al país. Así de claro. El referéndum es un test para los traidores a este país. Llamemos a las cosas por su nombre”, dijo en un programa en directo de la televisión letona el director artístico del Nuevo Teatro de Riga, Alvis Hermanis.
Uno de estos “traidores” en correspondencia con esa postura, es el alcalde de Riga, el líder de “Saskanas” (el partido que obtuvo la mayoría relativa en las últimas elecciones al parlamento), Nil Ushakov.
Cabe señalar que los nacionalistas letones consiguieron movilizar a la población azuzando el odio al idioma ruso. La participación media en el país superó el 70%. En Riga tuvo una participación récord, así como en los barrios poblados principalmente por letones. Mientras, en lugares como por ejemplo Latgale, donde hay mayoría de rusoparlantes (además con nacionalidad letona, a diferencia de la capital), la participación fue de las más bajas con un 60%. Por lo visto, muchos rusos consideraron un sinsentido tomar parte en un referéndum que se sabía perdido. O puede que se asustaran de las acusaciones de “extremismo” e “intenciones antigubernamentales”.
Los resultados del referéndum tuvieron un carácter marcadamente étnico. Así por ejemplo en Daugavpils, donde la absoluta mayoría son rusos, el 85% se pronunció a favor de conceder la cooficialidad al ruso. En general en Latgale, a favor hubo un 56%: mientras que en la región occidental de Kurzeme, contra el ruso como lengua oficial, se pronunció el 91% de la población.
En cuanto a Riga, aquí a favor del ruso como lengua oficial, votaron solo el 36%. Es decir, que la mayoría absoluta de los letones de la capital se muestran intolerantes hacia sus vecinos y conciudadanos de otra nacionalidad. Y eso que en Riga hay más de un 42% de rusos. Se mostraron activos en la votación contra el idioma ruso, los letones que residen en el extranjero. Por ejemplo, en el centro de votación situado en el Museo de la naturaleza de Riga, votaron dos chicas, llegadas para la ocasión desde Suecia. No quieren vivir en Letonia, pero tienen miedo por su sistema estatal y no desean que aquellos, para quienes el ruso es su lengua materna, puedan usarlo libremente en las instituciones públicas o educativas. Además se mostraban indignadas que una consulta así pudiera llevarse a cabo.
En general, después del referéndum la situación no ha mejorado en absoluto. Los letones, el pueblo letón, y no un grupo de políticos, dejaron a los rusos claras muestras de su ultranacionalismo y de su nula disposición a considerar los derechos y necesidades de los no letones; de la imposibilidad, en las actuales condiciones, de construir un Estado común.
También se encargó de calentar los ánimos, tras conocerse el resultado de la votación, el presidente de Letonia, Andris Berzinš, considerado moderado, pero que no dudó en hacer unas declaraciones al unísono con la agrupación profascista “Patria y Libertad” (Movimiento por la independencia nacional de Letonia). “El referéndum no marca ninguna línea inicial ni final. Ha supuesto una dura prueba y una lección para todos nosotros. La votación para la introducción en Letonia de una segunda lengua oficial, ha supuesto una amenaza para una de las bases sagradas de la Constitución: la lengua oficial. Por eso ha llegado el momento para una discusión seria sobre los fundamentos de la Constitución y la modificación del modelo de gobierno. El objetivo de esas modificaciones es hacer una Letonia más fuerte y en la medida de lo posible evitar posibles futuras amenazas para los fundamentos de nuestro sistema de Estado”, declaró Berzinš.
Los rusos valoraron esas declaraciones del único modo posible: cabe esperar que sigan apretando las tuercas y olvidarse de cualquier posible diálogo con el gobierno, puesto que la aspiración a tener igualdad de derechos de los “no autóctonos”, es vista tanto por los dirigentes de Letonia, como por los letones de a pie, como una “una amenaza a los fundamentos del Estado”.
Mientras tanto, la Unión Europea, que tan preocupada se suele expresar por el respeto a los derechos de las minorías nacionales, se muestra en relación a lo que sucede en Letonia, de un modo más que tranquilo. A Letonia, miembro de la UE, llevan muchos años permitiéndole violar las normas de esta organización, en la que en modo alguno puede inscribirse el concepto mismo de “no ciudadano”, ni la supresión de la enseñanza en ruso, ni la rehabilitación de los fascistas letones y veteranos de las SS. Es demostrativo el hecho de que tanto los observadores europeos como internacionales, incluyendo los de la OCDE, ignoraran el referéndum sobre el estatus de la lengua rusa en Letonia.
Pese a todo, el vicepresidente del Comité de la Duma para asuntos internacionales, Konstantín Kosachov, calificó el referéndum como exitoso. En su opinión, “es necesario exigir una resolución complementaria del problema, es decir, si no la adopción del ruso como lengua estatal, sí su utilización a nivel de ciudades y formaciones municipales, donde vive población rusa de forma compacta”. Cierto que hasta la fecha todas las exigencias similares salidas de Rusia, no han pasado de tener un carácter declarativo, por lo que Letonia las ha obviado. La única iniciativa por parte rusa fue la prohibición temporal de importar boquerones de Letonia. Además oficialmente se motivó por motivos sanitarios y no políticos, así que no produjo ningún resultado. De qué modo pretende Rusia conseguir la resolución del problema del idioma ruso en Letonia, es algo que Kosachov no especificó.
“La alta participación en el referéndum de ciudadanos letones, que consideran el ruso como lengua materna, demuestra de un modo evidente su desacuerdo con el curso elegido de construcción de una sociedad monoétnica. Además los resultados del referéndum, en modo alguno reflejan los ánimos en el país. Ello guarda relación con el hecho de que 319 mil personas (denominados “no ciudadanos”) se vean privadas de la posibilidad de expresar su opinión”, se dice en la declaración de Alexánder Lukashévich, publicada en la web del Ministerio de Exteriores de Rusia, el pasado domingo.
En la declaración del Ministerio de Exteriores de la Federación de Rusia, se expresa la esperanza de que “la voz de la población rusoparlante de Letonia sea escuchada, tanto por los círculos gobernantes de este Estado, como por las organizaciones internacionales”. Más adelante, Lukashévich asegura que Letonia ignora sus obligaciones internacionales, lo que quedó patente, al impedir la presencia de observadores rusos en el referéndum. No ha habido ninguna reacción de Riga ni ante las esperanzas, ni ante las acusaciones.