La historia cultural de la vulva que ha escrito Mithu M. Sanyal ha dirigido la atención de los medios hacia lo que es un vacío simbólico y semántico.
Los adictos al chocolate saben que Godiva es un chocolatero belga. También hay una banda de electro-rock que se llama Lady Godiva. Pero la verdadera
Godiva era una mujer de la nobleza anglosajona que, según la leyenda, en el siglo XI cabalgó desnuda a través de Coventry para persuadir a su marido de que bajase los impuestos. Sólo hubo un hombre, Peeping Tom, que se atrevió a mirar su “regalo de Dios” y, en castigo, se quedó ciego.
No resulta difícil descubrir los orígenes bíblicos de esta leyenda pornográfica medieval y son legión los hombres que han quedado ciegos por mirar fijamente lo más sagrado de la mujer. Pero Mithu M. Sanyal demuestra una vez más que la historia cultural de Occidente nunca menciona el objeto de esta mirada masculina. Según Sanyal, los órganos genitales femeninos externos, es decir, la vulva, son un vacío simbólico y semántico, una temida “puerta del infierno” tras la que se encuentra agazapada la vagina dentata. El objetivo expreso de la pequeña historia de la cultura vulvar que nos relata Sanyal consiste en exponer “el sexo invisible” para arrebatárselo al poder definitorio de los hombres y restablecerlo en nuestras mentes. En este sentido, se enmarca en a una tendencia de “feminismo provocativo” (Sanyal) que reduce los medios de comunicación a humedales balbucientes.
Después de una revisión bastante superficial del discurso médico sobre la vulva, que va desde Galeno hasta el psicoanálisis pasando por la famosa imagen de la vagina como un “pene invertido”, Mithu M. Sanyal –periodista de origen polaco e indio– abre una ventana histórico-cultural con vistas al reino de la mitología. En el mito griego de Yambe Baubo, la autora encuentra un gesto que es anterior a la vergüenza y a la ocultación judeocristiana del sexo femenino. Buabo –o Yambe, como se la llama a veces– expone sus genitales tan descaradamente que la diosa Demetra, vestida de luto por su hija Perséfone, no puede dejar de reír a carcajadas.
Los gestos indecentes de Yambe Baubo no sólo aparecen en el
Himno homérico a Demetra, sino que también se encuentran en el mito babilónico de
Ishtar y en los escritos de un sinnúmero de otros testigos de tiempos precristianos. Lo sorprendente es que este exhibicionismo ritual se abriese camino incluso en algunas iglesias románicas irlandesas y británicas por medio de las Sheela-na-gig –pequeñas esculturas de mujeres con una enorme vulva–, lo cual indica que hicieron falta varios siglos para que la fertilidad y la lozanía de la entrepierna femenina pasasen del honor a la vergüenza. Por supuesto, no es ninguna novedad que la boca de los genitales femeninos puede representar una tentación al mismo tiempo lujuriosa e intelectual o que las mujeres tentadoras –desde las diosas paganas hasta Eva y María Magdalena o a la diosa hindú Kali–no sólo eran atrayentes, sino que también poseían el poder del lenguaje. Pero la fuerza de esta historia cultural no reside tanto en la originalidad de sus tesis cuanto en sus sinopsis eruditas y etimológicamente bien informadas, además de en la riqueza de sus ilustraciones.
|

Ausencia de vergüenza. Altar de la diosa Devi en India. Foto: privada
|
La segunda parte del libro está dedicada al retroceso de la exhibición de la vulva a oscuras etapas occidentales. La autora sitúa la recuperación de los genitales femeninos entre la danza de los siete velos y las strippers modernas, pasando por la provocadora desnudez artística. El acto subversivo consiste en que las mujeres están recuperando el control sobre cómo se ve su sexo.
Y entre las más o menos célebres artistas femeninas, desde Valska Gert y Anita Berber en tiempos de la República de Weimar hasta Carolee Schneemann y Judy Chicago, Acker Kathy y las Riot Grrrls, Sanyal refresca nuestra memoria sobre la streapper burlesca Gypsy Rose Lee. Pero habría sido mucho mejor que hubiese evitado sus incursiones en el mundo de los cuentos de hadas y el psicoanálisis. Cualquiera que trabaje con teóricos posmodernos como Lacan o Baudrillard debería al menos reconocer que fue el lacaniano
la femme n’existe pas [
la mujer no existe] lo que dio el impulso fundamental a toda una generación de feministas.
Este olvido es algo que las feministas provocativas de hoy en día comparten sin darse cuenta con quienes sumieron en el olvido el sancta santorum de la vulva. Y ésa es la razón por la que la santificación del “vacío” y la “recuperación de la tradición de la mujer” (Sanyal) casi nunca se superpone con el culto matriarcal de una Mary Daly olvidada tiempo ha y, en su lugar, florece en el mundo de la labioplastia y de las vaginas de diseño. Sí, en el epílogo de su historia vulvar, Sanyal se entusiasma con las vulvas de seda y terciopelo, de tacto suave para el manoseo y la caricia, que se compran por internet. Ojalá Sanyal se hubiese quedado en el terreno de los chocolates.
Mithu M. Sanyal
Vulva. La revelación del sexo invisible.
Traducción de Patricio Pron
Editorial Anagrama
Barcelona 2012
ISBN: 978-84-339-6339-