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 21/06/2018 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 UMMA 
UMMA / Irán y la necesidad de que al Asad permaneciese
Date of publication at Tlaxcala: 11/04/2018
Original: إيران وضرورة بقاء الأسد إيران وضرورة بقاء الأسد

Irán y la necesidad de que al Asad permaneciese

Salameh Kaileh سلامة كيلة

Translated by  Ana Abarquero

 

En la segunda mitad del año 2012 era evidente que el régimen sirio ya no podía aguantar. Sus fuerzas se habían retirado de muchas zonas de Siria y se habían centrado, desde abril de aquel año, en ciudades y en la costa. Al mismo tiempo, ese mismo mes, trató de hacer juego con grupos yihadistas que estaban en prisión, poniendo en libertad a los más peligrosos. Era evidente que la mayor parte del ejército estaba en crisis y los casos de deserciones iban en aumento. Asimismo, después de algunos meses, la Guardia Revolucionaria y la 4ª División estaban en una situación extenuante. Todo esto sucedió antes de que la revolución experimentase una transformación radical hacia el rearme y antes de que apareciesen los grupos yihadistas que el régimen sirio había puesto en libertad. Después, recibió la ayuda de numerosos países, como Irán, Iraq, Arabia Saudí, Turquía, por supuesto USA y más tarde Rusia. Mientras, el movimiento popular era la base de la revolución en la mayoría de las zonas de Siria.

 

Esta situación empujó a que se formase dentro del régimen una élite de altos cargos del ejército y políticos, e incluso de las fuerzas de seguridad, que proponían una transición hacia una solución política. El vicepresidente, Faruq Asharaa, que apoyaba esta vía, dejó claro en una entrevista en el periódico libanés “al-Ajbar al-Lubnaniya” (periódico pro régimen) publicada el 23 de diciembre de 2012, que continuar con el conflicto era un disparate y que ambos bandos eran incapaces de zanjarlo al haber entrado en un punto muerto. Por eso, propuso la solución política.

Quien os escribe estas líneas ahora, ya lo hizo sobre todo esto por aquel entonces, pero ahora, es evidente que aquella situación fue la que hizo que Bashar al Asad pensase en renunciar al poder. Por aquel entonces era evidente que Irán había sido la que lo “había convencido” para quedarse y que lo apoyaría con fuerzas que evitarían su derrocamiento. Ahora, un miembro del “Consejo de Discernimiento de los Intereses del Sistema” en Irán, Ali Agha Mohammadi, reconoce que el líder previo de la Guardia Revolucionaria iraní, el general Husein Hamdani, cuando volvió de Siria afirmó que al entrar en Siria, Bashar al Asad había llegado a la conclusión de que tenía que abandonar el palacio ya que las fuerzas atacantes lo habían rodeado. Esta era la situación a finales de 2012, más de sesenta mil combatientes rodeaban Damasco e intentaban invadir la ciudad. Mohammadi añadió que Hamdani le dijo a al Asad “no te preocupes… si permites distribuir diez mil armas entre la gente y que se movilicen en grupos, habrá desaparecido el peligro”. Según Mohammadi, “el general Hamdani movilizó a 80 mil efectivos de las fuerzas sirias, introdujo a Hezbolá en el conflicto y reforzó el ejército”. Mohammadi se llena de orgullo al decir que el ejército sirio se volvió fuerte y “acabó con combatientes sionistas”. Esto deja claro que el régimen estuvo, por aquel entonces, a punto de cambiar y que podría haber tenido lugar un cambio dentro del poder que hubiese permitido llevar a cabo las demandas que la revolución proponía.

No obstante, antes de abordar esta cuestión, tenemos que valorar la situación como si Bashar al Asad se hubiese ido por aquel entonces y hubiese traspasado el poder al vicepresidente, Faruq Asharaa, en un marco de solución política que llevase a cabo las libertades, la democracia y algunas de las demandas del pueblo. Con seguridad, se habrían alcanzado tres cuestiones fundamentales: la primera, un cambio dentro del régimen que mantuviese la posición de “resistencia”, donde la política del vicepresidente en este punto no era diferente de la de al Asad. La segunda, llevar a cabo algunas demandas del pueblo, lo que habría permitido decir que la revolución había alcanzado sus objetivos. De ser así, habría sido similar a lo que ocurrió en Túnez y Egipto sobre todo, donde el presidente fue apartado y el régimen permaneció. En tercer lugar, Siria habría evitado todos los muertos y la destrucción que tuvo lugar después y en la que Irán tuvo gran responsabilidad. En aquel momento, el conflicto no había llegado al recrudecimiento al que llegó con la intervención de Irán, su maquinaria y la introducción de grupos fundamentalistas, ni el pueblo se había apresurado a tomar las armas de la forma que vino después, como resultado de la brutalidad del régimen.

Por aquel entonces, hice referencia a dos cuestiones prioritarias, advertí del peligro que suponía no poder conseguir un cambio en el régimen y advertí a todos los que tenían miedo de un cambio en la política exterior del régimen,  que la situación requería un cambio desde dentro, lo que significaba que la política exterior sería la misma y que el cambio sería solo en cuestiones internas, ya que era necesario que las demandas del pueblo fuesen llevadas a cabo. Por supuesto tuvo lugar la marginación de Faruq Asharaa, así como el asesinato de altos cargos fundamentales del ejército. Se perdió la oportunidad que habría permitido un cambio democrático. Si este cambio no hubiese llevado a cabo todas las demandas del pueblo, no habría habido el necesario cambio esencial para un renacimiento en Siria. Es decir, el régimen estuvo a punto de “rendirse” en aquel momento y había parte del mismo que deseaba plantear una solución “intermedia” en la que algunas demandas serían llevadas a cabo, sin que implicase un gran cambio en la estructura del régimen. Esto es solo lo que podría haber sucedido, es decir, que un cambio substancial del régimen no habría tenido lugar en absoluto, precisamente a causa de la espontaneidad de la revolución, sin partidos que supiesen qué proponer y cómo dirigir la revolución hacia el triunfo. La experiencia tunecina y egipcia mostró los límites que las revoluciones pueden alcanzar. Esto es lo que le esperaba a una Siria sin partidos que supiesen lo que querían y cómo luchar contra el régimen, más bien su sueño era “reformar” el régimen o destruirlo con una intervención extranjera. No obstante, esta posibilidad, de la que aparecían indicios a finales de 2012, Irán la había destrozado. Y así lo confirma la declaración del miembro del “Consejo de Discernimiento de los Intereses del Sistema” en Irán, Ali Agha Mohammadi, al decir que en el momento en el que dentro del régimen había quien podía llevar a cabo cambios que diesen respuesta a las demandas de la revolución, Irán intervino para evitarlo y para apoyar que el conflicto militar contra la revolución continuase, con la esperanza de aplastarla, afianzar el control de Bashar al Asad, así como el control iraní de Siria. En aquel momento, este asunto no se conocía, pero era el centro de la política iraní. Y así lo ha expresado más de un responsable iraní, haciendo hincapié en el control de cuatro capitales árabes, entre ellas Damasco por supuesto.

Por eso, el régimen iraní carga con una gran responsabilidad por lo que sucede en Siria, por haber impedido un posible cambio “dentro del régimen”, la única forma posible en el marco general del conflicto y en un equilibrio de fuerzas. La falta de una fuerza real de oposición imposibilitó un cambio radical en el régimen, lo que llevó a Siria a la destrucción, la muerte y al desplazamiento forzoso, sobre todo tras la intervención de Irán junto con la introducción de Al Qaeda, tras la puesta en libertad de combatientes y su envío desde Iraq, de tal modo que todos lo países se afanaron en esta vía. Por aquel entonces, las facciones armadas no eran de gran envergadura, las armas no estaban bajo control ni de los “yihadistas” ni de los “salafistas” y se les podía haber dado entierro a todos ellos. Pero las aspiraciones de Irán eran hacerse con el control de Siria, por eso comenzó a enviar milicias, de Hezbolá y todas las milicias iraquíes, la Guardia Revolucionaria iraní, la Fuerza Al Quds, los afganos y los paquistaníes, haciéndose con el control del conflicto por tierra, controlando el ejército que quedaba. Luego, empezó a decidir a nivel político y a fortalecer su control sobre Siria. A Irán no le preocupaba lo más mínimo la destrucción de Siria, ni que la mitad de la población fuese desplazada, lo que le interesaba era controlarla, para convertirse en una fuerza regional dominante, con aspiraciones a dominar los países árabes del mashreq, demostrando su poderío y así tener que negociar con ella si llegase el caso. Irán intervino con la excusa de que era un conflicto contra el estado sionista y para proteger la línea de suministro de Hezbolá, a pesar de que ha transformado el papel de Hezbolá, pasando de luchar  contra el estado sionista a ser partícipes, con sus proyectos,  del control en Siria, Iraq y Yemen.

Entonces, el desarrollo del conflicto en Siria desde 2013 empezó a estar vinculado a las aspiraciones de Irán y por eso hubo respuestas por parte de otros países a esto, como Arabia Saudí, Turquía y Qatar, transformándose el conflicto en un conflicto regional. Y en esto, Irán perdió, al hacerse evidente, a mediados de 2015, que sus fuerzas en Siria y las fuerzas restantes del régimen habían colapsado ante el avance del Frente Al Fateh (grupo que incluía a Frente Al Nusra, Ahrar al-Sham y otros grupos menores) que representaba la alianza entre Arabia Saudí, Qatar y Turquía. Frentes del noroeste y del centro del país fueron vencidos, donde se estableció el control de Idlib y Yisr  al-Shugul. Se hizo evidente el gran cambio en la balanza de fuerzas contra los intereses de Irán y del régimen (aunque los países aliados impusieron no tocar la costa siria, ni entrar en Damasco, precisamente porque estaba maniobrando con lo que se había logrado para presionar a Rusia para encontrar alguna solución).  Esto fue lo que hizo que el comandante de la Fuerza Al Quds de la Guardia revolucionaria iraní, Qasem Soleimani, corriera a Moscú a pedir ayuda. Por supuesto, tal como indiqué por aquel entonces, el objetivo del Frente Al Fateh no era derrocar al régimen, ya que se le había impuesto el veto de entrar en Damasco y la costa siria, sino que su objetivo era presionar a Rusia para llevar a cabo una solución política. Sin embargo, Rusia, que parecía que estaba esperando una oportunidad, se aprovechó de la ocasión con todo gusto e intervino para ocupar Siria e imponer su control después de que Irán casi la hubiese desbancado desde 2013 hasta mediados de 2015. Y como se vio, tenía una visión global, en la que Siria era la ejemplificación de facto. Deseaba hacerse con el control e impuso su dominación atemorizando al mundo con su poder militar para imponer un control global que la convirtiese en la fuerza líder del sistema capitalista.

Por lo tanto, Irán perdió el juego al no ser capaz de proteger al régimen sirio y ahora pone el grito en el cielo porque Rusia se ha hecho con el control del país y se ha hecho cargo de la reconstrucción. El ministro de exteriores iraní, Muhammad Jawad Dharif, ha aludido al descontento de Teherán porque Rusia haya acaparado los grandes proyectos de reconstrucción en Siria, considerando que no hay necesidad de que haya competitividad entre ambos países. Estas declaraciones fueron hechas por el ministro de exteriores en una entrevista de televisión iraní en las que afirmó que “hay grandes oportunidades para la reconstrucción en Siria”, considerando que “ la presencia de Rusia en el proceso de reconstrucción en Siria no significa que Irán no vaya a estar presente también”. A esto añadió que hay espacio para ambas potencias para “complementarse la una a la otra en el proceso de reconstrucción y no hay necesidad de ser rivales, hay oportunidades para todos”. Los periódicos iraníes lanzaron un ataque a Bashar al Asad por esto, como el periódico iraní “Qanun” que atacó a al Asad y lo describió como “alguien sin principios y un  desagradecido por su acuerdo con los rusos al concederles la reconstrucción a ellos en lugar de a Irán”. El mismo periódico, en otro artículo titulado “En el bazar sirio a Irán no le toca nada”, decía “al Asad quiere desarmar a Irán en Siria después de la derrota de Daesh y la entrada en una nueva etapa”. El periódico consideraba que Irán tenía derecho a recuperar su parte, por la fuerza incluso, al decir: “el derecho se toma y a pesar del intento de ocultar por parte de algunos en Irán la verdad sobre por qué hemos perdido lo que nos corresponde en Siria, nuestra gente sabe y es consciente de lo que pasa con nosotros allí”. Es decir, que Irán saldrá “con una mano delante y otra detrás”, al haberse hecho Rusia con el control de todo e imponer una solución que saque a Irán de Siria para impedirle que consiga su parte y tranquilizar a su aliado sionista. Por eso, permite al estado sionista bombardear enclaves de Irán y Hezbolá en Siria.

Esto requiere otro análisis, pero he de decir que Irán en lugar de permitir a Bashar al Asad irse, para que el régimen permaneciese, ha contribuido a la destrucción de Siria en vano. Es más, ha perdido toda su presencia en Siria y Líbano,  y Hezbolá se verá en una situación muy delicada, porque Rusia va a aspirar a un acuerdo entre el régimen que se establecerá en Damasco y el estado sionista, acuerdo que impondrá a Líbano. Pero antes, expulsará a Irán y su maquinaria de Siria. Irán ha jugado con la situación siria para ampliar su control, pero en este juego Siria ha sido destruida sin que los iraníes haya conseguido lo que ansiaban.

 





Courtesy of Tlaxcala
Source: https://tinyurl.com/y9edospz
Publication date of original article: 06/04/2018
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=23180

 

Tags: Guerra de SiriaIránRusia
 

 
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