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 17/07/2018 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 UMMA 
UMMA / Monólogo del aborto: “No volveré a quedarme embarazada porque aún no he madurado”
Date of publication at Tlaxcala: 29/03/2018
Original: مونولوج الإجهاض : لن أحمل مجددًا لأني لم أكبر بعد
Translations available: Français  Italiano 

Monólogo del aborto: “No volveré a quedarme embarazada porque aún no he madurado”

Rim Ben Fraj ريم بن فرج

Translated by  Ana Abarquero

 

Observación: Si eres de las personas que con facilidad juzgan a los demás, no leas este artículo.

Ella…

En la capital tunecina, una chica de una edad difícil de concretar, con una preciosa sonrisa infantil, es una cara conocida en el café Liber-thé, en el barrio de Lafayette, parece tranquila. Bebe su café a sorbos, con total tranquilidad. Entre sus dedos, un bolígrafo con el que juguetea todo el rato. Mira su diario, negro, abierto, con un poco de confusión. Esta mañana no encuentro una mesa libre en el café, ella me mira mientras busco un sitio. Me sonríe y me invita a sentarme en su mesa, con una voz suave me dice “puedes sentarte”. Acepto de inmediato y me siento delante de ella. Recoge sus cosas esparcidas por la mesa para dejar sitio a mi café.

Rompió el hielo preguntándome:

-¿Eres periodista verdad? He leído algunos de tus artículos.

Asentí : sí. Y le pregunté:

-¿Te han gustado mis artículos?

Sonrió con timidez y dijo:

-Te voy a contar una historia que quizás le guste a algunos de tus lectores. ¿Quieres escucharla?

Yo estaba buscando algo sobre lo que escribir, algo diferente a los temas periodísticos… algo totalmente diferente.

Empezó a hablar con seriedad.

-Hace una semana fui a ver a mi médico. Me preguntó que cuándo iba a casarme. “Va a ser mejor porque eres muy fértil y eso es bueno. Quizás no seas consciente todavía de lo afortunada que eres. Otras vienen a mi consulta para intentar quedarse embarazadas mientras que tú vienes para abortar…” Sí, he abortado hace dos días. Cada vez que me he quedado embarazada me imagino el sexo del bebé y le pongo un nombre. Cada vez que aborto, lloro mucho, lloro hasta caer rendida por ese ser microscópico. Después, paso el luto por la vida que no vivirá y por la vida que no viviré con él. Un luto por un pequeño trozo de mí que he perdido al abortar.

Suspiró y siguió diciendo:

-Por supuesto concertó una cita para la operación y me dijo “llámame o déjame un mensaje en mi número privado como siempre cuando estés de camino”.

Permaneció en silencio. Dio unos sorbos al café. Me miró y me dijo:

-Seguro que te estás preguntando por qué no utilizo la píldora. No puedo por diferentes razones médicas  complejas y difíciles de explicar. Casi todos los chicos que he conocido se niegan a utilizar el preservativo con el pretexto de que disfrutan menos, aunque en realidad para mí no hay gran diferencia.

En un año aborté cuatro veces, es una cifra récord y algo de lo que me avergüenza hablar. Ha sido algo que me ha llevado al límite de la cordura y me ha hecho pensar más de una vez en suicidarme. Mi vida se ha vuelto deprimente y sombría. Levantarme cada mañana de la cama y dejar atrás las cargas que arrastro es muy difícil.

Permaneció en silencio. Miró hacia abajo, se limpió las lágrimas, se puso las gafas de sol y prosiguió:

-¿Sabes? Cuando empiezan las hormonas del embarazo a hacer efecto empieza la locura. Los antojos, el llanto repentino, la pérdida de ganas, las náuseas constantes, comer de forma compulsiva, la incapacidad de soportar sonidos fuertes, sentir asco ante cualquier olor e incluso me resulta complicado controlar mis nervios. Por desgracia, solo he experimentado estar embarazada los primeros meses, siempre le he puesto fin antes de llegar a la octava semana. Esta vez he perdido el control total. No podía trabajar. Estaba paralizada. No podía seguir lo que sucedía. Me convertí en un cadáver rendido al sueño, día y noche. Mi madre no entendía qué estaba pasando. Por fortuna, mi amigo fue cada vez muy comprensivo e intentaba con todas sus fuerzas aliviar mi pena, pero pensaba que yo le hacía a él el único responsable y que yo interpretaba el papel de víctima echándole a él toda la culpa. Quizás no entendía que, cada vez, era yo la que perdía una parte de mí y que solo quería conservar una parte de él dentro de mí. A pesar de que era totalmente consciente de que todo era una locura mía, esperaba cada vez que me llevase con él y escaparnos juntos lejos de las críticas y la mirada de la gente. Soy como cualquier mujer, tengo un instinto maternal innato y como todas, quiero formar una pequeña familia. No dejé de quererlo un día pero estaba emocionalmente agotada y perdí las ganas de todo, incluso en los momentos más íntimos no podía dejar de pensar en ello.

Me miró fijamente a los ojos y me dijo:

-He estado  embarazada ocho veces y ocho veces he abortado. Y cada una de las veces sólo esperaba poder celebrar la siguiente, como hacen todas las mujeres en este planeta.

Nos miramos y en ese instante las lágrimas corrían por sus mejillas. A esos momentos le siguió un silencio ambiguo interrumpido por la voz de Fairuz “sí, a veces hay esperanza que viene del aburrimiento”. Y continuó:

-No quiero que pienses que soy una pobre víctima. Soy absolutamente consciente de mi responsabilidad en todo esto. ¿Sabes? Mis amigos y amigas se cachondean de la cantidad de veces que me ha pasado.

Dio unos sorbos al café y dijo:

-Ahora ha terminado todo. Déjame que te cuente algunos detalles de lo que me sucedió la última vez. En la entrada de la clínica privada de lujo me recibió una chica recién casada. Lo supe por el color de pelo, por el harqus (dibujos hechos con henna) que decoraba sus manos y por la cantidad de maquillaje que llevaba en la cara. Llevaba puesta una alianza enorme que no dudó en mostrarme cuando le di el sobre del ginecólogo. Me recibió con absoluta frialdad y una asquerosa sonrisa forzada ¿“Eres la paciente”? “Sí”, le dije. De repente vociferó “Dame tu DNI”. Se lo di e introdujo los datos en el ordenador. Me lanzó una mirada mezquina y dijo “Ooohh eres una clienta conocida por aquí, ¿estás casada?”. Ignoré la pregunta, no es asunto ni de su incumbencia, ni de la incumbencia de la clínica. Por lo general todo sucede con normalidad, me reciben bien y ponen a mi disposición todo para que esté cómoda. Esta vez todo fue terrible desde el principio hasta el final. Quizás porque era sábado. Entré en el quirófano y me sorprendí al ver que no estaba sola. Había una mujer sobre la camilla de al lado para dar a luz. Vino el médico obstétrico, me puso la inyección y cuando desperté la mujer había dado a luz gemelos que no paraban de chillar y yo no paraba de llorar.

Me miró sonriendo y los ojos le brillaron por las lágrimas:

-Ahora estoy bien. Estoy entera. Voy a retomar pronto mi vida normal. Me voy a cuidar y no voy a volver a quedarme embarazada nunca más, porque aún no he madurado ni he aprendido. Tengo muchas cosas por delante y debo reordenar mi vida. Ahora, después de soltar peso, me siento mucho más ligera. Gracias por tu tiempo y por tu atención. Puedes publicar mi historia si quieres.

Y dijo con ironía:

-Vivimos en un país en el que tenemos derecho al aborto, imagínate si hubiese nacido en otro país árabe. Esa es la parte positiva de la historia.

Dijo esta última frase, abrió su diario y empezó a reorganizar sus citas y trabajos acumulados.

Había pasado una hora en la que yo no había pronunciado ni una sola palabra. Bebía el café a sorbos, con timidez y mirándola con inquietud, porque no quería que pensase en ningún momento que la estaba juzgando o despreciando o que me daba pena. Abrí el ordenador y escribí con rapidez su historia, palabra por palabra, para no olvidarme de ningún detalle.

 Fotos: Champ, obras de Zoë Buckman

 





Courtesy of Tlaxcala
Source: https://goo.gl/5ckRTQ
Publication date of original article: 28/03/2018
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=23093

 

Tags: AbortoTúnezMujeres
 

 
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