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 19/06/2018 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 UMMA 
UMMA / Rusia, un imperialismo criminal
Date of publication at Tlaxcala: 05/03/2018
Original: روسيا كإمبريالية مجرمة

Rusia, un imperialismo criminal

Salameh Kaileh سلامة كيلة

Translated by  Ana Abarquero

 

El ministro de defensa ruso, el general Serguéi Shoigú, declaró que su país había acabado con las revoluciones en Oriente Medio y África, reconociendo que la brutalidad rusa en Siria es la que había acabado con las revoluciones árabes. Sin duda alguna, Siria era el lugar en el que había que acabar con las revoluciones, tras el fracaso de la política de rodeos de USA para detener la marea de la revolución, tal y como sucedió en Libia, donde la intervención militar no consiguió detenerla. La naturaleza brutal del régimen sirio ha sido idónea para que Siria sea el escenario perfecto.

 

Serguéi Shoigú

Esto era lo que USA deseaba, quien decidió desvirtuar la revolución y ofreció al régimen sirio justificaciones para las acusaciones del vínculo de la revolución con países extranjeros. También ha sido el deseo de Arabia Saudí, quien temía que la revolución se extendiese a su país y apoyó al régimen sirio en secreto, llevando a cabo su estrategia contra la revolución (tal y como indicó el mismo Bashar Al Asad). Esta fue la postura del capitalismo imperialista en su conjunto, tal y como expresó es sus medios de comunicación, trabajando desde el principio por desvirtuar la revolución al calificarla primero de guerra civil y lucha sectaria y después, de terrorismo. Irán estaba deseoso de hacerse con el control y aplastar la revolución, temerosa de que se repitiese la Revolución Verde de 2009. Así mismo, Rusia estaba aterrorizada por las revoluciones, y al mismo tiempo, quería intervenir para imponer su presencia de facto en “Oriente Medio”.

Todos estos factores son los que han desempeñado un papel para acabar con la revolución siria y detener la marea revolucionaria iniciada en Túnez, agravando la situación y acabando con la lucha. No obstante, Rusia se impuso a sí misma la tarea de aplastar la revolución y acabar con las revoluciones árabes, en nombre de todos, desempeñando el papel más peligroso y brutal para aniquilar la revolución, volviendo así a desempeñar el papel imperial de baluarte reaccionario, como en la Europa de las revoluciones de 1848-1851. Esto resume la declaración de Shoigú, quien condensa el capitalismo en su totalidad y deja claro que Rusia es la que ha puesto en práctica la voluntad de ese capitalismo. Rusia es, por lo tanto, la sucia herramienta de la tiranía capitalista y lo sabe, sabe que cumple esa tarea.

Esta afirmación recuerda el brutal bombardeo que lleva a cabo la aviación rusa en Guta oriental, para que los “grupos armados” se rindan, repitiendo así lo que sucedió en Alepo, donde la brutalidad condujo al desplazamiento forzoso del pueblo y la expulsión de los combatientes. Esto deja claro que la decisión militar rusa se resume en acabar con la revolución y no en alcanzar la “paz” a través de negociaciones y que todas las formas de negociación que ha propuesto Rusia, desde Ginebra, Astana y Sochi, solo son para ganar tiempo y seguir con una política de arrasar con los lugares de la revolución, uno tras otro.

Aquí aparece el ministro de exteriores ruso, Serguéi Lavrov, como mecenas para alcanzarla paz en Siria, pero imponiendo su paz. Por eso, parece Shoigú el que puede alcanzar esa “paz” que solo con un genocidio se logra. La misma práctica que llevó a cabo Rusia en Chechenia y la misma que apoya a quien la practica en Ucrania oriental. Los rusos padecen el complejo de quien es incapaz de vencer, por eso tratan de convencerse a sí mismos de que vencerán, aunque sea contra un pueblo asediado,  apenas armado y sin apoyos. Quieren imponer su voluntad, una voluntad que se basa en que su decisión debe ser impuesta, quieren una solución en la que Bashar Al Asad permanezca en el poder tras acabar con la revolución. Después, quizás, se hagan partícipes a otros nuevos agentes de un gobierno bajo su control. Con su presencia militar han impuesto la firma de acuerdos que les permiten establecer bases militares por un período de entre cuarenta y nueve y setenta y cuatro años.

 

Viñeta de Habib Hadad

¿Qué arrogancia es ésta? ¿Qué derramamiento de sangre practican? No olvidemos que cometen todo esto en nombre de toda la tiranía imperialista, la tiranía que quiere aplastar la revolución y cometer matanzas para atemorizar al pueblo, con el fin de que no vuelvan a pensar en una revolución. Los rusos están dispuestos a hacerlo y lo hacen, porque poseen las armas más modernas, muchas probadas con el pueblo sirio. ¿Qué es mejor, la tiranía imperialista de USA, de Europa, de China, otra? Es la mano imperialista rusa la que contamina Siria con toda esa sangre, con toda esa barbarie, ahogándose en un pozo del que quizás no pueda salir, donde los imperialismos luchan sobre los cuerpos inertes de los pueblos de “Oriente Medio” y donde todos quieren ejecutar sus intereses, sin tener en cuenta los cadáveres y el derramamiento de sangre de los sirios.

Shoigú es la cabeza del ataque brutal en Siria, es quien ha trazado los planes para “aplastar la revolución siria” y es quien quería “acabar con las revoluciones árabes”, es quien expresa profundamente la política de Vladimir Putin y pone en práctica su tendencia sádica, que constituye un nuevo fascismo, impuesto por la situación crítica del capital ruso, quien quiere controlar el mundo y controla  los mercados para resurgir y  así ocupar el lugar del capitalismo usamericano. Es lo contrario al capital chino, no puede competir en un mercado libre mundial. Por eso, elige hacerse con el control a través de la fuerza, creyendo que así puede conseguirlo. Por eso, creo que aprovecha la situación en Siria, para prosperar bajo la excusa de la “legitimidad internacional” y la “soberanía nacional”, imponiendo su ocupación y extendiendo su control, sin darse cuenta de que está implementando una política imperialista y que, al mismo tiempo, está siendo llevado hacia “una trampa”. Quiere más que puede, su habilidad para aplastar la revolución no le vuelve capaz de establecer un régimen que pueda mantenerse sobre su propio pie o que pueda seguir existiendo. Precisamente, porque hay una revolución que quiere erradicarlo y la trayectoria del conflicto ha hecho que no sea posible reconstruir el régimen sirio, aunque venza con la fuerza de Rusia, Irán, todas las milicias sectarias y todas las empresas de seguridad que traen consigo. El régimen se ha vuelto incapaz de continuar de todas las maneras y si  Rusia decide continuar con su presencia militar, como apoyo sobre el que sostenerse, Siria se convertirá en la “nueva Afganistán”. En primer lugar, por la capacidad del pueblo sirio de seguir en la lucha contra el régimen y contra los ocupantes. En segundo lugar, porque la competitividad global va a aprovecharse de esta presencia para debilitar a Rusia y llevarla a una situación tal, que la obligue a olvidarse de su anhelo por liderar el mundo.

Rusia es un imperialismo estúpido, que pone en práctica la voluntad del capitalismo imperialista, pero es incapaz de obtener los resultados que la benefician. Intenta aplastar la revolución y acabar con el devenir revolucionario árabe, pero no va a ser capaz de cosechar sus propios intereses y quizás naufrague en un enfrentamiento que acabe por pasarle factura. Los crímenes de Shoigú no sirven de nada, ni la arrogancia de Putin, ni todo el desarrollo tecnológico puede acabar con la revolución de un pueblo.



Viñeta de Jalid Yalal

 





Courtesy of Tlaxcala
Source: http://goo.gl/HZnJGy
Publication date of original article: 02/03/2018
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=22887

 

Tags: Serguéi ShoigúSerguéi LavrovVladimir PutinRussia-SiriaUSAGuerra de SiriaRevoluciones árabesImperialismo ruso
 

 
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