TLAXCALA تلاكسكالا Τλαξκάλα Тлакскала la red internacional de traductores por la diversidad lingüística le réseau international des traducteurs pour la diversité linguistique the international network of translators for linguistic diversity الشبكة العالمية للمترجمين من اجل التنويع اللغوي das internationale Übersetzernetzwerk für sprachliche Vielfalt a rede internacional de tradutores pela diversidade linguística la rete internazionale di traduttori per la diversità linguistica la xarxa internacional dels traductors per a la diversitat lingüística översättarnas internationella nätverk för språklig mångfald شبکه بین المللی مترجمین خواهان حفظ تنوع گویش το διεθνής δίκτυο των μεταφραστών για τη γλωσσική ποικιλία международная сеть переводчиков языкового разнообразия Aẓeḍḍa n yemsuqqlen i lmend n uṭṭuqqet n yilsawen dilsel çeşitlilik için uluslararası çevirmen ağı la internacia reto de tradukistoj por la lingva diverso

 22/11/2017 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 ABYA YALA 
ABYA YALA / Venezuela 2017: el día a día bajo muchas amenazas
Date of publication at Tlaxcala: 07/05/2017
Original: Venezuela 2017: One day, and several threats, at a time
Translations available: Français  Italiano 

Venezuela 2017: el día a día bajo muchas amenazas

Supriyo Chatterjee সুপ্রিয় চট্টোপাধ্যায়

Translated by  María Piedad Ossaba
Edited by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

Durante los cuatro años que siguieron a la muerte de Hugo Chávez en marzo de 2013, la revolución bolivariana en Venezuela envejeció prematuramente. El entusiasmo del pueblo venezolano fue remplazado por un clima sombrío. Cuando las opiniones divergentes hasta el punto de saber a qué o  quién tendrá la culpa, el fervor revolucionario o el odio visceral del « régimen » dejan lugar a la apatía y al cansancio resignado.

El país se asemeja a esos  antiguos alcohólicos felices (eran numerosos en la época en que la cerveza era barata) que repentinamente fueron privados de su bebida: es al menos la impresión que tuve durante mi reciente estancia allí. La caída de los precios del petróleo provocó una recesión económica; la abundancia de los años Chávez quedó atrás, y los venezolanos se resignaron al hecho de que este tiempo nunca volverá.

Quedan muy pocas cosas de los símbolos externos de la vida política, ya sean carteles, banderolas o pintadas; es como si la política ya no tuviera cabida en la calle. Las conversaciones que anteriormente se terminaban en debates políticos giran hoy principalmente alrededor de la búsqueda de pan, azúcar o maíz, dónde se encuentran  y a qué precio. Hay colas delante de los supermercados, pero menos que antes según me han dicho, y los vendedores del mercado negro, que aquí se les llama los  « bachaqueros », venden su mercancía sobre puestos instalados en las aceras, indicando sus precios sin ningún temor de la autoridad.

Las estanterías están llenas en los almacenes de alta gama, a excepción de los productos básicos, productos alimenticios y de higiene. Los paquetes de trigo o maíz precocinados son raros, pero no las galletas o los paquetes de papitas fritas fabricadas a partir de estos ingredientes. El pan es difícil de encontrar pero las panaderías están repletas de tortas y postres, elaborados con la misma harina importada y proporcionada por el Estado. Lo que no se puede encontrar en los almacenes, se encuentra justo en el exterior, en el puesto de los bachaqueros, que a menudo trabajan mano a mano con los tenderos.

La enorme infraestructura del mercado paralelo es mantenida por la escasez y las distorsiones económicas creadas por los monopolios privados de distribución, que utilizan su poder para destruir la revolución, por la corrupción de los funcionarios y la participación de una fracción de los pobres que se alimentan a expensas de otros pobres. El Estado fija los precios de los productos alimenticios, de los productos de higiene y los medicamentos básicos, que luego pasan de contrabando, a escala industrial, en los países vecinos, principalmente Colombia.

En la práctica, la economía de Venezuela ha sido dolarizada. Las tasas se fijan en Miami o en Colombia, y el sector privado las manipula para hacer subir los precios a su voluntad. El curso paralelo del dólar es una herramienta poderosa para socavar la revolución, desestabilizando la economía casi hora tras hora y golpeando a los pobres y a la clase media, que habían visto su suerte mejorarse gracias a la revolución, con la esperanza de  que se rebelen contra el Gobierno.

El Estado aumentó generosamente los salarios e ingresos mínimos, aunque esto fue insuficiente para compensar la inflación galopante: la mayoría de las mercancías cuestan cien veces más que hace cinco años. Una vez al mes, el Estado vende a precios razonables una cantidad limitada de productos alimenticios básicos aproximadamente a seis millones de familias, e incluso en los barrios principalmente poblados de opositores, se esperan con  impaciencia las entregas, antes de lamentarse de que se les somete a la vergüenza de un racionamiento a la cubana.



Los paquetes de alimentos mensuales que el gobierno distribuye a las familias a precios asequibles a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción  (CLAP). Foto Telesur

En la medida en que los salarios no consiguen seguir la inflación, el nivel de vida baja y es ahora la emigración que hace las veces de la fiebre del oro para los Venezolanos, que buscan trabajo donde se pague en dólares US, con la esperanza de recuperar  su comodidad pasada una vez de regreso a casa. En la terminal del aeropuerto, hablé con un ingeniero ferroviario cualificado que me dijo, reteniendo su llanto, que iba a República Dominicana con visa de turismo, con la esperanza de encontrar un trabajo manual y revender sus dólares en el mercado negro en Venezuela para mantener su joven familia a la que se vio obligado a dejar atrás. Son numerosos los trabajadores cualificados que como él se han convertido en vendedores ambulantes no autorizados (o incluso prostituidos) que yerran por las calles de Panamá, Bogotá o Lima, intentando escaparse de la policía y borrando los insultos de los autóctonos y de los funcionarios de la inmigración. En toda su historia, Venezuela siempre ha sido un país extraordinariamente acogedor para todos los inmigrantes, que vienen de Europa, América Latina u Oriente Medio. Ahora son ellos quienes son tratados como escorias.

Encontré pocos almacenes cerrados, aunque los habitantes me dijeron que muchas pequeñas empresas se vieron obligadas a declararse en bancarrota. En las calles, se ven sobre todo automóviles último modelo, así como busetas, cuyo número y los itinerarios parecen haber crecido, y son limpias, baratas y bien administradas. La gasolina y la electricidad son prácticamente gratuitas, y los venezolanos siguen derrochándolas. El Estado construyó un número record de viviendas, 1,6 millones a la fecha, a pesar de la recesión económica, y se ven en todas las ciudades. Venezuela logró el objetivo del 100% de cobertura médica básica durante mi estancia. Me pareció que había menos personas obesas, y constaté la presencia de algunos mendigos, personas, incluidos niños, en situación de calle que habían desaparecido casi en su totalidad al final de los años Chávez. Es posible que los pobres carezcan de alimentos, pero no hay hambrunas a gran escala

Como en el pasado, el temor de la criminalidad es fuerte, sobre todo de las agresiones, pero constaté que había muchos coches en las calles hasta bien entrada la noche, y en las pequeñas ciudades y los pueblos, no es raro que las personas duerman dejando sus puertas abiertas. No observé fuerte apoyo a la oposición ni gran confianza en sus dirigentes. Los opositores prefieren enviar a sus hijos al extranjero en lugar de enviarlos a las barricadas. En todas las familias que encontré  había pro Chávez y partidarios de la oposición, y parecían permanecer unidas a pesar de sus divergencias y las puyas ocasionales de carácter político. Los habitantes aprendieron a evitar los lugares calientes, pero en la mañana, unos cuantos ladrillos, huellas de neumáticos quemados y vidrios rotos testimonian de una violencia nocturna casi ritual.

Viñeta de Eneko

La revolución venezolana está a la defensiva. Amenazada por la disminución de los recursos y la hostilidad internacional, trata de sobrevivir día a día y a las numerosas amenazas. La autoridad del Estado se ha debilitado seriamente. Chávez era imprevisible para sus enemigos e infalible para sus partidarios. Nicolás Maduro no es ni lo uno ni lo otro. Incluso el más ardiente chavista admite que la revolución podría perder las próximas elecciones, pero la oposición, con su furia despiadada y genocida, los aterroriza tanto a ellos como a los no comprometidos. Si el chavismo pierde, es probable que se produzca un baño de sangre. Si logra mantenerse en el poder de una u otra manera, Venezuela tendrá quizá otra oportunidad de reconstruirse como nación post petrolera. Por el momento, es incierto, y nadie podría predecir de manera segura qué dirección el país va a elegir.

 





Courtesy of Tlaxcala
Source: http://tlaxcala-int.org/article.asp?reference=20421
Publication date of original article: 05/05/2017
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=20439

 

Tags: Revolución bolivarianaCrisis económicaOposición de derechaVenezuelaAbya Yala
 

 
Print this page
Print this page
Send this page
Send this page


 All Tlaxcala pages are protected under Copyleft.