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 30/04/2017 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 UNIVERSAL ISSUES 
UNIVERSAL ISSUES / Yo también fui estigmatizada como enemiga del Estado
Date of publication at Tlaxcala: 08/02/2017
Original: I, Too, Was Branded an Enemy of the State
Translations available: Français  Italiano 

Yo también fui estigmatizada como enemiga del Estado

Ana Camusso

Translated by  María Piedad Ossaba

 

Recordando la salida precipitada de nuestra querida Argentina liberal, pienso en Yakub Abu Al Kiyan al partir en su coche, quizás para evitar ver su casa nuevamente destruida

Una de las casas demolidas en la aldea beduina de Um al-Hiran, donde Yakub Abou al-Kiyan fue asesinado el 18 de enero de 2017. Foto Eliyahu Hershkovitz

Era una adolescente cuando comprendí que mi país nos había etiquetado, a mi familia y a mí, como enemigos.  Aunque nadie nos hubiera señalado con el dedo ni lo hubiera dicho, era tan evidente que durante un año estuve obligada de errar de casa en casa, en busca de un refugio.

El régimen militar en Argentina fue apoyado por una gran parte de la población, y muchos ofrecieron sus servicios para ayudar a destruir completamente la democracia del país, que ya era frágil. El apoyo principal vino de la oligarquía y los medios de comunicación, que aceptaron ciegamente todas las mentiras del régimen. Para ellos, personas como mis padres representaban las fuerzas del mal. Fueron retratados como agentes de gobiernos extranjeros, complotando para transformar Argentina en un estado comunista y laico.

Esta idea absurda fue inventada por la junta que asumió el poder y un gran número de personas lo creyeron. La junta representaba la iglesia y a los ricos hombres de negocios. Tenían muchos privilegios y no estaban dispuestos a abandonarlos

Mis padres eran intelectuales liberales, y quizá más que eso: eran personas que pretendían cambiar el mundo y se habían impregnado de un ardor revolucionario, pero nunca fueron oficialmente miembros de un partido político. A pesar de eso, se les forzó a pagar un alto precio por su cosmovisión humanista.

Buenos Aires, Argentina, 30 de marzo de 1982

El régimen tomó progresivamente el control de las universidades. Cuando mi madre un día llegó a desempeñar su cargo de profesora adjunta, se le rechazó la entrada. Recuerdo cómo regresó a la casa con lágrimas en los ojos y tenía dificultades para decirnos lo que había pasado. Nuestra situación financiera empeoró hasta que nos encontramos finalmente sin nada. Mis padres intentaron salir adelante dando clases particulares, pero era muy difícil.

Un día, un amigo de mi hermana vino a la casa y dijo que teníamos que  irnos inmediatamente. Al parecer alguien había denunciado a mi padre. En pocos minutos estuvimos todos dentro del coche. No pienso que mis padres se imaginaban entonces que se necesitarían años antes para que pudiéramos regresar a la casa.

A partir de ese momento dejé de ir a la escuela. Pasábamos de un escondite al otro. Mi madre quería regresar a la casa para recuperar algunos artículos, pero una amiga con la que se encontró la advirtió de no acercarse a la casa porque estaba llena de soldados. Los soldados quemaron  la magnífica biblioteca de mis padres y transformaron la casa en un lugar de interrogatorio y tortura. Mis amigos dejaron de llamarme. La gente tenía miedo de acercarse a nosotros. Era una época en la que todo el mundo tenía miedo de todo el mundo.

En algunos días, dejamos nuestra querida y liberal Argentina. Toda mi vida intenté, sin éxito, olvidar esta horrible salida en autobús de Buenos Aires. Aunque era la mañana, recuerdo todo como si estuviera sumido en la oscuridad. Al principio, pensaba que este recuerdo estaba influenciado por mi triste estado de ánimo, pero luego me acordé, idiota que era, que fue debido a los vidrios polarizados del autobús. A través de ellos todo parecía vago, gris, como imágenes de una novela policíaca o de una pesadilla, como si estuviéramos muertos y llegáramos a un mundo diferente. Como si estuviéramos  dejando una ciudad fantasma.

http://tlaxcala-int.org/upload/gal_15308.jpg

Umm al-Hiran, Palestina, 18 de enero de 2017

Pienso en Yakub Abou Al Kiyan al partir en su coche, quizás para evitar ver su casa nuevamente destruida, como ya se había destruido muchas veces. Estaba rodeado por niebla matinal, por soldados y con policías. Pienso en su familia, una vez más sin refugio. En los niños que quedaron sin nada. En los ciudadanos árabes del país, a los que el régimen decidió etiquetar como el enemigo.

 





Courtesy of Tlaxcala
Source: http://www.haaretz.com/opinion/.premium-1.768656
Publication date of original article: 01/02/2017
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=19859

 

Tags: Yaqub Musa Abu Al KiyanUmm Al-HiranNegevArgentinaDictadura militarOcupación sionistaPalestina/Israel
 

 
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