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 21/07/2017 Tlaxcala, the international network of translators for linguistic diversity Tlaxcala's Manifesto  
English  
 EUROPE 
EUROPE / Desayuno en Flandres
París: cuando la solidaridad con los refugiados rueda como bola de nieve
Date of publication at Tlaxcala: 10/01/2017
Original: Paris : Quand la solidarité fait boule de neige

Desayuno en Flandres
París: cuando la solidaridad con los refugiados rueda como bola de nieve

Thierry Leclère

Translated by  Pascale Cognet

 

Al principio fueron actos aislados; luego, estos gestos de solidaridad se multiplicaron, y finalmente fue una verdadera cadena humana que se puso al servicio de los migrantes en Stalingrado, en el distrito 19 de París

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Yo aguanto,tu aguantas, él/ella/usted aguanta,

nosotros aguantamos, vosostros aguantáis, a ellos no les importa un carajo

Vengo de Darfur…

Vienes de Darfur…

Él (o ella) viene de Darfur…

Venimos de Darfur…

Son las seis, cae una densa y húmeda noche en la rotonda de Stalingrado, en el distrito 19 de Paris. Tal un coro improvisado, en las tres escaleras empinadas y las pendientes herbosas, decenas de migrantes, sudaneses y eritreos en su gran mayoría, al aire libre escanden el alfabeto o infatigablemente repiten algunas frases de uso común.

¿Cómo estás?

Estoy bien…

¿Y vos cómo estás?

Yo, estoy bien…

Un cuaderno o una simple hoja  sobre las rodillas, están bien arropados, el gorro  atornillado en la cabeza, una bufanda alrededor del cuello. En este anfiteatro improvisado, racimos de caras negras  y decenas de pares de ojos clavados en los profes, jóvenes benévolos enérgicos como estas dos estudiantes- tienen el fuego sagrado- que parecen  hacer slam  con las conjugaciones o como Pierre, de pelo canoso quien, con la nariz pegada en la pizarra Velleda, pelea con el uso del participio pasado.

La escena es iconoclasta, enternecedora, conmovedora y los transeúntes no se equivocan cuando se detienen en su camino, incrédulos, esbozan una sonrisa. No se lo pueden creer al ver a esta  asamblea tan estudiosa, tan motivada- varias decenas de alumnos a la mitad del otoño, varios centenares el verano pasado- que no corresponde en nada a la  imagen de los migrantes que se complace en la miseria humana o amenazadora que las teles reflejan desde hace meses y meses.

Pierre estaba tan concentrado en las terminaciones, el bolígrafo apuntado en el haz del proyector de apoyo que no se dio cuenta de que empezaban a caer las primeras gotas.

- ¡Está llover! ¡Está llover! [NdT: queriendo decir está lloviendo]  Estallan gritos alegres en la asamblea. Repliegue estratégico, cuadernos empapados y manos heladas.  Cita mañana, a la misma hora, mismo lugar. En la primera fila, Yacine, un Sudanés llegado desde hace algunos meses en Paris, cierra su anorak y regresa a Sarcelles (NdT: en las afueras de Paris donde se concentra  mucha gente que procede de la inmigración) donde vive en un hogar: como él, muchos migrantes vienen cada noche de Paris o de las afueras cercanas, según sus vagabundeos y sus techos improvisados.

Bajo la lluvia fina, Baptiste Pelletan  conversa con el pequeño equipo de  profes voluntarios. Este ex estudiante del CNRS [NdT: Centro Nacional de Investigación científica] y del Museo Historia Natural, es un precursor de estas clases al aire libre. No se trata de una idea nueva pero fue desarrollada con una notable eficacia por Baptiste y algunos voluntarios en el seno del BAAM, la Oficina de Acogida y de Acompañamiento  a los Migrantes, una pequeña asociación nacida el año pasado  tras la ocupación por varios centenares de migrantes del instituto Jean Quarré, en el distrito 20 [NdT: Norte de París; los migrantes se concentran en mayor parte en la zona noreste de Paris]. En un año, el BAAM multiplicó decenas de clases de francés, en Stalingrado como en todo Paris, en las bibliotecas, mediatecas o asociaciones sirviéndoles de refugios.

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 ¡Y no vayan a creer que a Baptiste le faltan voluntarios! Todo lo contrario. Consulta su Smartphone y revisa los cuadros Excel:” ¡entre el 17 de octubre y el 10 de noviembre, 262 voluntarios se manifestaron para dar clases!”. La realidad es aún más impresionante cuando se sabe que el 95% de los voluntarios son mujeres. La página Facebook du BAAM y sus casi 10.000 “Me gusta” refleja cada día esta feminización de la solidaridad  hacia los migrantes. Una constante en esta galaxia de  benévolos de Stalingrado: desde las clases de francés hasta la repartición de comidas, la movilización es mayoritariamente femenina, lo que siempre va acompañado de algunas reflexiones machistas, bien pesadas, incluso por parte de activistas  machistas comprometidos que pretenden explicar el fenómeno: los sudaneses son guapos…”,  a  las mujeres  les atrae todo lo que tiene que ver con “el cuidado”…

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 Anuncio en el escaparate de un restaurante del distrito 19

Viernes 4 de noviembre, a las seis de la mañana. La evacuación por 600 policías y gendarmes, en vivo (“la puesta al abrigo” en la jerga de la Jefatura de policía de Paris) de unos 4.000 parias durmiendo en el suelo pelado entre el Canal San Martin y la Rotonda de Stalingrado y la avenida de Flandres tuvo mucho eco en la prensa nacional. Desde entonces, silencio y terreno libre. Furgonetas de gendarmes estacionadas cerca del canal del Ourcq o del bulevar de la Villette, frente al café el ” Todo va mejor” (los botones/tombos (la pasma) tienen buen sentido del humor), disuaden toda concentración o todo reasentamiento.

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Avenida de Flandres, antes de la evacuación

Estamos a mediados de noviembre. Claire Peslerbe no disimula su agotamiento, desde julio pasado, esta asistenta social está en el frente. Su compromiso  es aún más notable que empezó sola, ella vive en la avenida de Flandres y no soportó, a la vuelta de las vacaciones, tener que andar saltando por encima de cuerpos, “algunos envueltos en sábanas , en la misma calzada, a veces sin sacos de dormir ni vestidos para cambiarse, como caídos del nido”.

Claire recuerda  aquel verano como un torbellino,  una aventura humana extraordinaria de la que aparentemente aún no se recuperó. “Al principio, una siente sideración e impotencia. ¿Qué hacer? Hago de tripas corazón, y me acerco – estábamos en julio- a eritreas y somalíes para conversar, de mujer a mujer. Algunas palabras de inglés. Las invito a mi casa para que tomen  una ducha y lavaen su ropa: no querían incomodarme, se sentaban en un rincón del sofá, tomaban una toalla para cuatro para no molestar. ¿Cómo apoyarlas, orientarlas? Les enseño un mapa de Paris, me doy cuenta de que no tienen ninguna noción de las distancias, una de ellas sólo conoce  “Calais ciudad” [NdT: Calais es una ciudad del norte de Francia donde fue evacuado por las autoridades el mayor campamento de inmigrantes  el 26 de octubre pasado] para poder “ir a Leeds [NdT: ciudad británica] reunirse con alguien, otra quiere marcharse a Alemania. Les enseño  videos para mostrarles cuan peligroso es atravesar el canal de la Mancha… Totalmente inútil, no les da ningún miedo. Como me estoy quedando sin ideas, les pregunto qué es lo que más les hace falta. Sin dudarlo, me contestan ¡música! Nos conectamos a internet, escuchamos canciones, encontramos recetas de cocina de sus países. Había mucha alegría, ¡estaban súper felices!”

Principios de agosto, la lavadora de Claire funciona a toda marcha. Imitando lo que daba resultados en el muelle de Jemmapes [NdT: en el distrito 10 de Paris] con los afganos] , decide servir un desayuno, cada mañana, en el banco, frente a su casa. Durante dos semanas, baja un cubo de té, pan y frascos de mermelada que va repartiendo durante una hora o dos antes de irse al trabajo. Los migrantes cortan el pan, echan una mano. A lo largo del verano, llega la ayuda  espontánea]  y bienvenida de los vecinos (“¡Treinta euros al día, no podía hacer más! “…Claire se ríe). Fue en aquel entonces  cuando se produjo el milagro de los Ptits dej à Flandres. Talvez algún día un sociólogo estudie cómo nacen  estas cadenas de solidaridad, fuera de cualquier asociación constituida, fuera de cualquier red organizada. En efecto, de la iniciativa solitaria de Claire, nació una red de 170 personas. Voluntarios del barrio que dieron su correo electrónico para luego despertarse de madrugada, a fin de repartir miles de desayunos hasta la evacuación del 4 de noviembre. Jérôme Musseau, joven profe de biología, uno de los soportes de aquel movimiento espontáneo organizó la página Facebook y abrió una vaquita on line que recaudó 10 000 euros en algunas semanas. ″No nací benévolo pero un día eso pasa delante de tu casa. Estás pensando, me joden la vida, tengo otra cosa qué hacer. Pero te tiras al agua. Luego te atrapa el movimiento, es como una droga.”

Un movimiento espontáneo pero al mismo tiempo muy organizado. Lo concreto prevalece. Necesidad de figuras tutelares. Se necesita mucho rigor, lo que cuesta algunas mini-peleas, sin dejar de ser acogedor para los recién venidos.

Laurent, Fabienne, Jean Baptiste, Eric... Todos compartieron  más o menos esa dulce euforia, llevados por la solidaridad del vecindario, un sentimiento comparable con lo que se disputa en los más fuertes movimientos   de huelga.  Todo en su entorno se anima: el panadero de la calle Curial con una decena de colegas ofrecen panes, el supermercado del barrio abre sus puertas para una colecta de mercancías, un restaurante de empresa calienta  termos de agua, se requisicionan sótanos para almacenar la mercancía, los patios de los edificios  para lavar las carpas…

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En resumen, es la geografía humana y afectiva de tu barrio la que está transformándose, son vecinos a los que estás descubriendo. Desde la evacuación del 4 de noviembre, Jérôme  evoca, medio bromeando, su  “refugiados blues".  Claire dice más o menos lo mismo: “Al principio, frente a este desamparo, uno siente inhibición, es normal. Cuando logra superarlo, uno se dice: pero ¿por qué no lo hice antes?”

¿Ejemplar y sin nubarrones la solidaridad  en la avenida  de Flandres? Por supuesto que no. Hay el juego turbio de los traficantes y de las redes organizadas que se adivina sin que se entienda realmente. Hay peticiones que florecen para respetar ‘la igual dignidad” (sic) de los migrantes y de los vecinos hartos, el ayuntamiento que tarda en proporcionar el mínimo vital, grifos, meaderos: “Los políticos se comportan como el avestruz para no perder a votantes, una cobardía obvia”, se queja Claire. Los insultos, los “Putas” lanzados por transeúntes iracundos. Comerciantes que se quejan por sus ventas. Incluso en el seno del grupo, hay egos que manejar  y los desvaríos de cada uno como dice con humor la iniciadora de Ptits dej de Flandre: "Uno puede mirarse en el espejo, uno sabe en nombre de qué valores actúa, pero no nos hagamos los desentendidos: interfieren también motivaciones personales, la necesidad de reconocimiento, el deseo de autosatisfacción… y nada más normal”.

Los Ptits dej à Flandre están lejos de ser un caso único en Stalingrado. Otros grupos iniciaron distribuciones espontáneas. Vimos autos minivan llegar de las afueras, abrir el maletero y sacar ollas humeantes. “La cocina de los migrantes”, otro conjunto importante de vecinos solidarios, ofrece miles de comidas desde la primavera. Hay también personajes excepcionales, como ésta recién jubilada, uno de los sostenes del barrio,  que alojó en su departamento de dos dormitorios hasta a seis migrantes. Su salón está atestado de bolsas para distribuir 24 horas por día.

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Cocina de los Migrantes

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Distribución ADRA

Por supuesto, están las grandes ONG,  Emaús, la Cruz  Roja, los  Restaurantes del Corazón, los  Médicos del Mundo,  la mezquita de la calle de Tanger, las muy numerosas asociaciones musulmanas y  los adventistas de la ONG Adra con sus miles de almuerzos, que todo el año, dan vueltas con sus merodeos. Sin embargo, los vecinos, en Stalingrado, este verano tuvieron el sentimiento de callejear llevando la cabeza alta por su barrio.

A la gente de los Ptits déj de Flandres, siempre se le pregunta: « ¿A qué asociación pertenece? » A ninguna. Hasta el momento, aplazaron el momento de estructurarse. Ningun(a) presidente(a).Claire está convencida de que  “adherirse al movimiento asociativo” es un poco normalizarse. Somos inclasificables, es nuestra fuerza y preferimos tener peso como votantes-ciudadanos”.

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Fotos: Colectivo P’tit Dej à Flandres y Pascale Cognet





Courtesy of Tlaxcala
Source: http://www.sinemensuel.com/reportage/paris-quand-la-solidarite-fait-boule-de-neige/
Publication date of original article: 01/12/2016
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=19639

 

Tags: Desayuno en FlandresSolidaridad regugiadosAcogida migrantesParísFrancia
 

 
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