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 EDITORIALS & OP-EDS 
EDITORIALS & OP-EDS / USA: de Dallas a Baton Rouge, jóvenes negros abren un frente de guerra interno, causando el pánico de los biempensantes
Date of publication at Tlaxcala: 19/07/2016
Original: USA : de Dallas à Baton Rouge, des jeunes Noirs ouvrent un front de guerre interne, provoquant la panique des bien-pensants
Translations available: Italiano  Deutsch  English 

USA: de Dallas a Baton Rouge, jóvenes negros abren un frente de guerra interno, causando el pánico de los biempensantes

Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

Translated by  María Piedad Ossaba

 

Tres palabras anglo-yanquis vienen a la mente para definir los recientes “incidentes” que han conmovido a la USAmérica de arriba y generaron  virtuosas “condenas unánimes” de casi todas les estrellas negras - los asesinatos de policías por jóvenes negros, en Dallas y luego en Baton Rouge -: backlash, back-fire y/o blowback. Contragolpe, retroceso, efecto bumerán. ¿Debe sorprendernos que jóvenes a los cuales se les enseñó al arte de matar enemigos distantes  vuelvan sus armas contra los “azules”, asesinos impunes de negros?

En ambos casos, los autores – que no serán jamás juzgados puesto que fueron propiamente  ejecutados– de estos actos de represalias contra los negricidios policiales eran veteranos. El tirador de Dallas era un veterano de Afganistán, el de Baton Rouge un veterano de Irak. Veteranos de guerra, o  sea hombres que aprendieron a matar rápido, mucho y bien. Lo que hicieron, como buenos francotiradores. Intentemos un momento de ponernos en  su lugar.

Usted es un joven negro de 18-19 años. Creció en un gueto vertical u horizontal, con sus hermanos y hermanas, de los mismos padres o de padres diferentes, pero generalmente ausentes, alrededor de su madre soltera, que intentó de hacerlos vivir de trabajos esporádicos  y de subsidios sociales cada vez más escasos. Usted es un fracasado escolar. Vendió un poco de hachís a los 15-16 años, pero no ha querido entrar en el negocio de la heroína  o del crack. Una sola salida se le ofrecía por lo tanto a usted: ¡alístese! ¡El Ejército o la Armada le tienden los brazos! Lo soñado por supuesto, es reclutarse en el Cuerpo de Marines o en los acorazados – para la fuerza aérea, ni soñarlo, usted no tiene el nivel -, pero se contentará de ser un soldado de infantería, o en el peor de los casos se conformará en la Guardia nacional, una especie de ejército interior al descuento. Una vez que usted haya cumplido su período de compromiso de 5 años, el Ejército o la Armada le prometen pagarle los estudios universitarios. ¿Tentador, no?

Una vez enrolado, usted debe hacerle frente a una realidad nada idílica. Un año en Irak o Afganistán serán suficientes para desequilibrarlo por el resto de la vida.

5 años más tarde – o mucho menos, ya que usted ha sido expulsado del ejército de la Armada -, vuelve de nuevo a la vida civil, con sus heridas físicas y/o psíquicas y su síndrome de estrés post traumático. Está de vuelta al gueto. Aprendió a jugar al francotirador, a lanzar granadas, a apuntar y tirar con todo tipo de armas de guerra, en síntesis está listo a matar a distancia. Y el ejército no cumplió sus promesas. No hay universidad subvencionada para usted, bajo pretextos burocráticos incomprensibles, y que, francamente, se le escapan.

De regreso a la vida civil, dando tumbos por pequeños trabajos esporádicos y en sesiones de terapia que no le aportan nada, observa como todo el mundo la tele, las redes sociales, habla con sus amigos del barrio, al menos los que están aún en vida y/o en libertad. Todos los días del año, una y otra vez salen las mismas noticias: un joven negro asesinado por los polis, un niño negro asesinado por los polis, un hombre negro de edad asesinado por los polis, una mujer negra asesinada por los polis. Es una letanía incesante, que parece nunca tener fin. Participa en una marcha de protesta o dos, pero está  decepcionado por estos jóvenes que están todos  pegados a su iphones, tomando selfies y no parecen ser capaces de detener la masacre.

Una noche, tras enterarse y haber seguido en directo el enésimo negricidio, toma su decisión. Va a pasar a la acción. Va a proponer a dos buenos amigos, que hicieron Irak o Afganistán con usted y no viven demasiado lejos, asociarse con usted. Si no quieren participar, al menos cerrarán su boca y no lo traicionarán. Sólo necesita equiparse y planear su operación. Para el armamento, no hay problema, conoce a todos los minoristas del barrio, bastará con hacer su pedido y negociar una tarifa de amigo. Para la planificación, tampoco hay problema, se lo enseñaron en el ejército: elegir los objetivos, el ángulo de ataque, la localización, las líneas de fuga, las posiciones de repliegue, y un plan B. Para eso debe estudiar los lugares donde va a golpear, calcular los tiempos. Resumiendo, hacerlo profesionalmente. Que por fin lo que aprendió sirva para algo: ¡enviar un mensaje claro y contundente a los polis negricidas – se acabó la impunidad!

Todos estos preparativos le toman una decena de días. La gran noche llega por fin. Pasa a la acción. Las cosas no pasan exactamente como estaba previsto. Y finalmente, algunas horas después del lanzamiento de su operación, los polis que lo tienen rodeado le envían un robot activador de bomba que lo mata. Antes de morir, usted piensa que lo que hizo no sirvió para nada y que los que le seguirán lo harán mejor. El herrero se hace forjando, y el combatiente combatiendo. Y usted parte esperando que lo recuerden por los siglos de los siglos.

Entonces  inscribamos en el mármol de nuestras memorias los nombres de estos mártires, que dieron su vida para exigir el derecho a la vida:

Micah 1

Micah Xavier Johnson, 25 años, de Mesquite (Texas), veterano de Afganistán, muerto en combate en Dallas el 7 de julio de 2016 

Gavin Long

Foto : Gavin Eugene Long, 29 años, de Kansas City (Missouri), convertido  Cosmo Ausar Setepenra, de la nación  soberana Washitaw de Dugdahmoundyah, veterano de los Marines en Irak, muerto en combate en Baton Rouge, Luisiana, el 17 de julio de 2016

PD: los detalles que aparecieron en los medios US, después de la redacción de este artículo, sobre la trayectoria de Gavin Long evidencian que no venía de un entorno especialmente desfavorecido sino más bien middle class y que había pasado dos años recorriendo   África, de la Etiopía a Burkina Faso, en búsqueda de sus roots (raíces). Eso no cambia el fondo de la trayectoria-tipo que intenté resumir. El hecho es que la subcultura procedente del gueto es hegemónica en una gran parte de juventud US, y no solamente negra, así que se podría llamar en anglo-yanqui una superculture o supraculture.

 

 

 





Courtesy of Tlaxcala
Source: https://bastayekfi.wordpress.com/2016/07/18/usa-de-dallas-a-baton-rouge-des-jeunes-noirs-ouvrent-un-front-de-guerre-interne-provoquant-la-panique-des-bien-pensants/
Publication date of original article: 18/07/2016
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=18453

 

Tags: Negricidios policialesMicah X. JohnsonGavin Eugene LongDallasBaton RougeEEUUUSAAcciones armadas
 

 
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